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jueves, 28 de julio de 2011

Viva Italia, viva la música y viva Riccardo Muti

El día de hoy 28 de Julio de 2011 cumple 70 años el gran director napolitano Ricardo Muti quien fuera director musical del Teatro alla Scala de Milán por 19 años. En su honor reproduzco en este Blog este artículo de autor desconocido.

¡Viva Muti, Viva Italia y Viva la música!
Mauricio Rábago Palafox

Viva V.E.R.D.I. Viva Italia, viva la música y viva Riccardo Muti. ¡Feliz cumpleaños, maestro!
[Autor anónimo]


El último 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentar la realidad: Italia festejaba el 150 aniversario de su unificación y en esa ocasión se dio en la ópera de Roma la obra "Nabucco" de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti. Nabucco es una ópera tanto musical como política: evoca el episodio de la esclavitud de los judíos en Babilonia, y su famoso coro "Va pensiero" es el canto de los esclavos oprimidos. En Italia, este canto es el símbolo de la búsqueda de libertad del pueblo, que a fines del siglo XIX -época en que se escribió la ópera- estaba oprimido por el imperio Habsburgo, al que combatió hasta la creación de la Italia unificada. Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde de Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso denunciando los recortes al presupuesto de cultura que hizo el gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y viejo ministro de Berlusconi. Esta intervención política, en un momento cultural de los más simbólicos para Italia, produciría un efecto inesperado, puesto que Berlusconi en persona asistía a la representación.

Relatado luego por el Times, Ricardo Muti, director de la orquesta, contó que fue una verdadera velada de revolución: "Al principio hubo una gran ovación en el público. Luego comenzamos con la ópera. Se desarrolló muy bien hasta que llegamos en el Acto III, al famoso coro “Va pensiero” Inmediatamente sentí que la atmósfera se tensaba en el público. Hay cosas que no se pueden describir, pero uno las siente. Era el silencio del público que se hacía sentir. Pero en el momento en que la gente se dio cuenta que empezaba el “Va Pensiero” el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción visceral del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y perdida."

Cuando el coro llegaba a su fin, ya se oían entre los asistentes varios "bis". El público comenzó a gritar: "¡Viva Italia!", "¡Viva Verdi!", "¡Larga vida a Italia!". La gente en el gallinero comenzó a arrojar papeles con mensajes patrióticos.
En una única ocasión Muti había aceptado hacer un bis para el "Va Pensiero" en la Scala de Milán en 1986, puesto que para él la ópera no debe sufrir interrupciones. "Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo", relata. Pero el público ya había despertado su sentimiento patriótico. En un gesto teatral, Muti se dio vuelta y miró al público y a Berlusconi a la vez, y dijo:

"Sí, estoy de acuerdo con esto. "Larga vida a Italia". Pero...
Ya tengo más de 60 años y he vivido mi vida. Recorrí mucho el mundo, y hoy tengo vergüenza de lo que sucede en mi país. Entonces accedo a vuestro pedido de un bis para el “Va Pensiero” No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía el Coro que cantó "Ay mi patria, bella y perdida" , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria estaría en verdad "bella y perdida".

(Aplausos , incluidos de los artistas en escena)

Continuó: “Ya que reina acá un clima italiano, yo, Ricardo Muti, que me callé la boca muchos años, quisiera ahora... tendríamos que darle sentido a este canto; estamos en nuestra casa, el teatro de Roma, y con un coro que cantó magníficamente bien y que acompañó espléndidamente la orquesta. Si quieren, les propongo unirse a nosotros para que cantemos todos juntos”

Entonces invitó al público a cantar con el coro de esclavos. "Vi grupos de gente levantarse. Toda la ópera de Roma se levantó. Y el Coro también. Fue un momento mágico en la ópera.

Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos."
Acá está el video de ese momento lleno de emoción:



Traducción del "Va pensiero"

¡Vuela pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el aire dulce de la tierra natal!
¡Saluda a las orillas del Jordán
y a las destruidas torres de Sión!
¡Ay, mi patria, tan bella y abandonada!
¡Ay, recuerdo tan grato y fatal!
Arpa de oro de los fatídicos vates,
¿por qué cuelgas silenciosa del sauce?
Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡háblanos del tiempo que fue!
Canta un aire de crudo lamento
al destino de Jerusalén
o que te inspire el Señor una melodía
que infunda virtud al partir.

miércoles, 27 de julio de 2011

NOCHES DE ÓPERA.


NOCHES DE ÓPERA

VLADIMIRO RIVAS ITURRALDE

MOZART ESTUVO EN CUERNAVACA

Cuernavaca puede preciarse ahora de un nuevo imán para sus residentes y visitantes: una Compañía Estatal de Ópera. La organizó, con grandes esfuerzos y sacrificios, ese hombre culto y gran barítono que es Jesús Suaste, quien empezó dando clases de canto y formando un taller de ópera. En un periodo de un año y tres meses ha presentado, en su sede, el Teatro Ocampo, cinco óperas: Elíxir de amor, Carmen, La Traviata, Madama Butterfly y Las bodas de Fígaro, que han agotado, en tres funciones, todas sus localidades. Presentarlas supone dar trabajo a los músicos, difundir la ópera en medios donde se la conoce poco, formar un público local y atraer al de otros lugares -particularmente del D.F., que, ante la escasez de espectáculos de esta índole en su propia ciudad, realizan con gusto una peregrinación a la vecina ciudad del sur-. Se nos ha informado que se planea conformar un Patronato para asegurar la permanencia de la Compañía.

El 15, 17 y 19 de julio, la Compañía puso en escena Las bodas de Fígaro, una de las grandes óperas bufas de Mozart, estrenada en Viena el 1º. de mayo de 1786, y que es, no sólo una delicada y pícara puesta en escena de la lucha de clases entre los amos y los sirvientes en los albores de la revolución francesa -una historia que demuestra que la revolución pasa también por la cama-, sino una de los formas de la felicidad. “Mozart estuvo aquí”, fue mi conclusión luego de verla y disfrutarla. Es, a pesar de los modestos medios escenográficos de los primeros actos, el mejor Fígaro que he visto en México. Un Fígaro tradicional, ortodoxo, que apela al desempeño musical y actoral de sus cantantes y a la musicalidad de la orquesta y no a vanidosas propuestas escénicas que sólo desvían la atención de lo que Mozart y Da Ponte están contando. Aquí conviven armoniosamente la frescura y la maestría, el goce actoral-escénico y el rigor musical, la inocencia y la experiencia. Los actores cantantes lo pasan bomba y divierten al público.

El elenco es bastante uniforme en su desempeño. El bajo Rosendo Flores hizo un Fígaro ágil, gracioso, chispeante, con voz y canto robustos. La joven soprano Elisa Ávalos fue una revelación como Susana, la mucama: sin volumen vocal y actoralmente inhibida al principio, fue soltándose y creciendo a lo largo de la obra hasta coronarla de modo perfecto con la bellísima aria del jardín. Terminada su aria, los duendes apagaron por un momento las luces de la sala como diciendo “después de esto, nada más”. La soprano Verónica Murúa hizo una digna condesa, con algunos problemas de respiración y afinación en sus dos difíciles arias. El papel del conde le queda a Jesús Suaste como anillo al dedo y lo recreó con solemnidad, gracia y elegancia. Su voz de barítono discurre firme y saludable en todos los pasajes. La mezzo Encarnación Vázquez, sin el brillo aterciopelado en la voz a que nos tenía acostumbrados, dio vida, con su encanto personal y gran experiencia escénica, al joven Querubino, ese don Giovanni adolescente. La ahora mezzo María Luisa Tamez, llena de gracia, hizo de Marcellina un personaje protagónico. Increíble que Rufino Montero, con sus más de setenta años, cante como lo hizo para encarnar al anciano Bartolo. Como justo homenaje, las funciones de Fígaro estuvieron dedicadas a su trayectoria musical de más de cincuenta años. Excelentes los comprimarios: Marco Antonio Talavera, como el jardinero borrachín Antonio; la soprano ligera Yolanda Molina, quien, como Barbarina, tiene una corta y hermosa cavatina al comienzo del acto IV, y el tenor ligero Héctor Arizmendi como el intrigante maestro de música don Basilio y el juez don Curzio.

Nadie puede entender cómo un director concertador de la excelencia de Carlos García Ruiz no se haya presentado aún en Bellas Artes. Su maestría y musicalidad, su cuidado de la estructura a la vez que de los detalles, fueron ejemplares. Buen sonido el de la Orquesta de la Ópera de Morelos y del coro. Muy bien el clavecinista de los recitativos, Alejandro Vigo. Y la dirección escénica de Óscar Flores, sencilla, clara, graciosa, funcional, siempre al servicio de la música de Mozart, quien habría aplaudido esta puesta con todas sus ocurrencias.

Felicidades al Instituto de Cultura de Morelos y a la productora ejecutiva, Marivés Villalobos.

lunes, 18 de julio de 2011

MOZART EN CUERNAVACA, MORELOS.



LAS BODAS DE FÍGARO, ELENCO REDONDO.

Cuando uno sale contento y satisfecho de una función de ópera luego de viajar por autobús a la ciudad de Cuernavaca por carretera con esa sola finalidad llegamos a preguntarnos a que se debe que así haya acontecido. Y eso venia pensando otra vez en el viaje de regreso para escribir esta nota que de noticia de ello. No fue definitivamente la grandeza y espectacularidad de la producción, ni la escenografía apabullante, ni el vestuario ostentoso o aparatoso que nunca acabamos de ver, ni los mil y un recursos empleados en tramoya, iluminación, efectos especiales, utileria, recursos tecnológicos o eso que ostentosamente nos sorprenda o apantalle. No fue nada de eso. Ya la escasez de los recursos para la cultura es sintomática y la pobreza priva hasta en las casas más decentes. Aquí fueron otros los factores de la satisfacción. Hubo música, canto, pasión. Entrega y entusiasmo. Gusto. Trabajo bien realizado. Oímos a Mozart.
Es la música extraordinariamente bella, de una riqueza contundente, de una inspiración sorprendente, la que nos sigue hechizando. Unida a un Libretto muy bien estructurado por el talentoso abate Lorenzo Da Ponte, donde se nos narra la historia de los amores de Figaro y Susana, cuya boda se efectúa en esta obra, el tedio que ya corroe el matrimonios de los Condes Almaviva, cuyo fuego se ha apagado, los añejos y olvidados amores de los viejos Marcellina y Bartollo, y los encendidos y voluptuosos de Cherubino y Barbarina, bañados por la frescura de esa música insuperable del genio de Salzburgo. Son todos estos apasionados personajes que narran con sus actitudes todas las facetas del deseo erótico donde Cupido sale a retozar y a lanzar flechas y dardos envenenados de todos contra todos. Esta commedia per musica in quattro atti o dramma giocoso requiere absoluta veracidad en los personajes y la capacidad de divertir y mantener atento al público durante cerca de tres horas de acción dramática continua.
El responsable musical, bajo cuya dirección concertadora se alinearon todas las fuerzas, lo fue el excelente músico Carlos García Ruíz de quien no nos cansaremos de elogiar por su capacidad de dar vida a cada partitura que se le encomienda con un talento notable y digno de todo encomio. La Orquesta de la Compañía de Ópera de Morelos compuesto de excelentes músicos sonó con una calidad notable a la que no siempre estamos acostumbrados. La mano magistral del maestro García Ruíz, con magia y sabiduría, instinto y rigor , llevando con mano segura a ejecutantes, coro, solistas, por los intrincados laberintos de una música deliciosa pero compleja y plenamente estructurada. La respuesta de los cantantes, afortunada mezcla de experimentados veteranos
con jóvenes valores que inician una prometedora carrera dio un muy buen resultado.
Rosendo Flores en el rol protagónico de FÍGARO dota de vida a ese personaje que desde que aparece en el escenario no deja de cantar llevando el peso central de toda la trama.
Su prometida esposa SUSANA lo cantó de manera deliciosa la soprano Elisa Ávalos dueña de una voz ligera de soprano de exquisita musicalidad. La CONDESA de Verónica Murúa aunó a la belleza de su timbre oscuro a la propia de mujer dotando de nobleza y elegante dignidad a esa cosquilleante Rosina del pasado convertida en una mujer abandonada y humillada que no obstante recupera su amor aparentemente perdido. El CONDE Almaviva, hastiado de la rutina conyugal y deseoso de nuevas aventuras lo cantó el Director de la Compañía el barítono Jesús Suaste experto y veterano en estos roles tan demandantes y difíciles de su cuerda. MARCELLINA tuvo en la gran María Luisa Taméz, una de nuestras glorias nacionales, quien ha ido ampliando su repertorio con otros roles apropiados a su tesitura actual de mezzo-contralto. BARTOLO lo encarnó otro veterano músico. director y cantante, uno de los más notables en todos los terrenos de la música, el maestro Rufino Montero, quien al final recibió un reconocimiento por su larga trayectoria en el medio. CHERUBINO, el Don Giovanni adolescente, lo actuó la experimentada mezzo Encarnación Vázquez como lo ha hecho durante muchos años en los teatros del mundo. ANTONIO, divertidísimo personaje lleno de gracia e ingenio lo hizo el barítono Marco Antonio Talavera. BARBARINA Yolanda Molina, nacida en Cuernavaca y guapa soprano lasallista. BASILIO y DON CURZIO, simpáticos roles comprimarios que requieren gracia y simpatía, los canto muy bien el tenor Héctor Arizmendi. Buena labor tuvieron los miembros del coro del Centro Morelense de las Artes, dirigidos por el maestro Christian Gohmer. La producción ejecutiva estuvo a cargo de Marivés Villalobos.

Es digno de aplauso y elogio el trabajo que vienen realizando los colaboradores de este Instituto de Cultura y Compañía de Ópera de Morelos que está logrando que a los amantes del género residentes en la capital del país nos de gusto y placer viajar a disfrutar de este espectáculo que tanto queremos. Todo nuestro apoyo incondicional y sincera gratitud.

México D.F. 18 de julio de 2011.




miércoles, 13 de julio de 2011

Homenaje a Giuseppe Verdi en el ex-Arzobispado.


En el antiguo Palacio del Arzobispado de la Ciudad de México, calle de Moneda4, Centro histórico, (casi en el Zócalo, frente a Palacio Nacional) se encuentra el Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda y Crédito público donde se inaugurará el próximo jueves 21 de julio a las 19:00 horas en colaboración con la Embajada de Italia en México y el Instituto Italiano de Cultura la exposición HOMENAJE A GIUSEPPE VERDI con bocetos, vestuario y objetos sobre las óperas del gran artista. Dicho homenaje durará todo un mes pues terminará el 21 de agosto. es una buena oportunidad para asistir y visitar nuestro hermoso centro de la capital del país.

martes, 12 de julio de 2011

La hija del regimiento, por Mauricio Rábago Palafox

La hija del regimiento
Mauricio Rábago Palafox

La fille du régiment (1840) es una de las más famosas óperas cómicas de Gaetano Donizetti (1794–1848) escrita en francés, en dos actos, con libreto de Jean François Bayard y J. H. Vernoy de Saint-Georges, basado en una pieza de Gollmick. Suele representarse también en versión italiana del propio Donizetti. Esta obra sirvió en los setentas para catapultar al estrellato al entrañable Luciano Pavarotti. No era una de las óperas más populares, pero Joan Sutherland la incluyó dentro de las que se cantarían durante una gira por Australia, en compañía de Pavarotti. Durante un ensayo, Sutherland y su marido, el director Richard Bonynge le sugirieron al tenor que cantara los nueve do agudos del aria "Ah, mes amis, quel jour de fête!" que ningún tenor en su sano juicio hacía. Tú eres perfectamente capaz de hacer eso, Luciano. Lo hizo y provocó el delirio del público. Después el mismo elenco grabó La hija del regimiento y esa aria fue utilizada como punta de lanza del disco The King of the High Cs (El rey del Do de pecho) que posicionó a Pavarotti como el tenor más famoso del mundo. Después otros cantantes grabaron su versión: Alfredo Kraus, Rockwell Blake, Juan Diego Flórez…

La Ópera de Bellas Artes programó este título, cuya última función fue el domingo pasado. El compromiso es grande pues se debe contar con un tenor que cubra las altas expectativas y con una soprano ligera que sepa afrontar su difícil parte. Para ello se invitó al español Antonio Gandía; hermosa voz de tenor ligero que en ocasiones nos recuerda mucho a su maestro, el inolvidable Alfredo Kraus. A lo largo de las cuatro funciones su desempeño fue unas veces bien, otras muy bien. Al entrevistarlo nos comentó que la altura de la ciudad de México le afectó, “sentía que me ahogaba, yo puedo cantar mejor pero creo que no estuvo nada mal”.

En las dos primeras funciones debutó en el papel de Marie, la soprano Leticia de Altamirano (laureada en el reality show “Ópera Prima”), estupenda presencia escénica y actuación, muy buen desempeño canoro, limpia y agradable voz ligera, cosechó un merecido triunfo. En las dos últimas funciones Patricia Santos, también debutante y triunfadora del mencionado reality show, desempeñó ese mismo rol con muy buenos resultados: voz no tan ligera, muy agradable y manejada con gran pericia, efectiva y convincente su actuación. El rol de Sulpice en el primer elenco corrió por cuenta de Armando Gama, experimentado y elegante barítono, mesurado pero efectivo en su actuación, y vocalmente garantía de profesionalismo y pulcro desempeño. El segundo Sulpice, Josué Cerón nos gustó más aquí que en Malatesta de Don Pasquale; más baritonal su timbre, muy bien asimilado el rol, actoralmente. ¡Qué distinto enfoque le da al personaje, comparado con la versión de Gama! y sin embargo muy válido, lo vimos más caricaturesco, más chusco, muy en el estilo de ópera bufa.

La diva María Luisa Tamez, ahora ya como mezzo, nos deleitó con su interpretación de La Marquesa, quien resulta ser la madre de Marie. “Es mi primer papel cómico” comentó. Nunca es tarde, vocal y actoralmente lo bordó.

Esta ópera incluye un personaje muy interesante “Caffarello” que no canta, sólo toca el piano en el segundo acto. Lo interpretó de maravilla José Ángel Rodríguez, estaba en su elemento. Caffarello fue un famosísimo cantante castrado, contemporáneo y amigo de Farinelli, ambos, alumnos de Porpora. En El barbero de Sevilla se le menciona por sus actuaciones inolvidables, y Luis XV de Francia lo invitó a cantar en su corte. En La hija del regimiento lo vemos como maestro de música y canto en la mansión de La Marquesa.

Bastante bien la escenografía y dirección escénica de Cesar Piña, él mismo dirigió escena en el 2004, cuando se puso esta misma obra en Bellas Artes, su trabajo un poco simplista pero funcional, muy acorde al género bufo. El diseño del vestuario no se le adjudica a nadie en el programa de mano.

La dirección orquestal de José Areán, muy bien, sabe acompañar a los cantantes a la perfección y nos obsequió momentos de gran emotividad, se perfila como uno de los indiscutibles nuevos valores de la dirección operística, razón por la que se le confió también el homenaje a Francisco Araiza.

lunes, 11 de julio de 2011

Javier Camarena o los diferentes tipos de ¡Bravo¡

La cálida y melodiosa voz del tenor Javier Camarena, tenor lírico ligero mexicano que ya es un triunfador en grandes teatros europeos, tiene la capacidad energética y el poder de rayo láser de suscitar en el oyente, a la par que el placer y el gozo del fenómeno acústico, el grito casi orgásmico de damas y caballeros de ¡Bravo!

Fue esa palabra gozosa y armoniosa, estridente y malévola, susurrada con timidez o expelida con furia y pedantería por algunos exhibicionistas que quisieran decirnos "Óiganme que aquí estoy", la que más prevaleció en el marmóreo recinto del teatro de Bellas Artes esta tarde dominguera que congregó a un público entusiasta que llegó a escuchar al nuevo prodigio vocal. La voz de que había cantado un tenor, su alumno en el Homenaje a Francisco Araiza, corrió como reguero de pólvora en las redes sociales y muchos quisieron oírlo, escucharlo, disfrutarlo, conocerlo. Y no salieron decepcionados. Todo lo contrario. Pocas veces hemos visto coincidir con tanta unanimidad a un público tan variopinto y diferente como este dominguero que incluía a muchos jóvenes a la par que los aficionados y críticos de siempre.

Emocionados y llorosos, llanto de alegría y sentimiento positivo, comentaban encantados sobre la voz que habían escuchado. Una muchachita adolescente acompañada de su mamá platicaba que no había podido contener el llanto. Una pareja sesentona tomada de la mano como cuando se hicieron novios se mostraban satisfechos y contentos y no querían que el canto hubiese terminado.

Observador del evento que tantos ¡Bravos! este villamelón cronista había suscitado, trataba de desentrañar el porqué del misterio que acababa de presenciar y sacar algunas conclusiones.

Apostar por alguna en particular o aventurarse a teorizar este fenómeno de catarsis colectiva placentera tendría tal vez una sola explicación: Javier Camarena cantó totalmente entregado a su arte sin respingos no disimulos. Cantó, como decían los cursis de antaño, con el alma, con el corazón, con las vísceras. Era tanta esa entrega amorosa al canto que las vibraciones energéticas que salían de su ser contagiaron al público. Un programa de canción italiana de la Antología, aunada a algunas otras de autores de ópera belcantista, como la trilogía ejemplar de Bellini, Donizetti y Rossini, junto a algunos títulos más de arias
y romanzas de zarzuela y una selección de canción romántica mexicana bien dosificado, lograron llevar y transportar al auditorio al territorio del placer. Las características de esa voz pletórica de matices, plena de colorido idealizado, que lo mismo transita del más tenue y delicado matiz al más estruendoso y sonoro, está dotado del don mágico de conmover. Poseedor de una técnica rigurosa totalmente dominada, de una manera elegante y precisa de adornar, de improvisar, de una simpatía y un carisma admirables, de una sencillez y trato amable, de comunicación con la gente, el éxito del tenor, muy bien acompañado del pianista cubano-mexicano Ángel Rodríguez, perfectamente acoplado, inspirado y feliz mancuerna del cantante, lograron que este recital quedará en la memoria de quienes nos unimos a gritar ¡Bravo! apoyando la voz baritonal dejándola salir plena del plexo solar.

domingo, 10 de julio de 2011

La inercia del lenguaje, Ricardo Venegas entrevista a Evodio Escalante

Evodio Escalante es una de las figuras indispensables del pensamiento y la reflexión crítico-analítica de la cultura mexicana de los últimos dos decenios sin cuya presencia y constante estudio muchos aspectos de nuestro entendimiento de la cultura literaria y del ejercicio de la crítica no se entenderían. Animador cultural, polémico, lúcido, lector prodigioso y generoso, estudiso impar del fenómeno lírico vivo de nuestro tiempo, es entevistado por Ricardo Venegas para el suplemente literario La Jornada Semanal este domingo 10 de julio. En Crítica musical en México la reflexión sobre el ejercicio y el sentido de la crítica es uno de los asuntos prioritarios que más nos motivan a compartir las palabras, necesarias e importantísimas, de una de las mentes más lúcidas y brillantes de nuestro país. No por el hecho de estar dirigidas al ejercicio de la literatura, sino precisamente al de la crítica es por lo que sus observaciones son de primer orden y motivo dereflexión.

La inercia del lenguaje
Ricardo Venegas entrevista a Evodio Escalante

–¿Sigue vigente la guía del crítico para leer o no una obra?

–Yo diría que la vigencia del crítico no está en discusión. Lo que sí es evidente es que cada vez la voz, o sería mejor decir, el coro a mil voces del mercado, se impone con mayor facilidad. La publicidad apabulla y satura los espacios públicos y privados. Todos sabemos, por ejemplo, que los principales concursos literarios son una herramienta más de mercadotecnia utilizada con eficacia por editoriales que son casi todas ellas transnacionales. Esto impone una lógica atroz. No se premia la mejor novela, sino la que de antemano garantiza un alto nivel de ventas. Esta es la “democracia” del mercado a la que estamos sometidos. Hasta la idea misma del “canon”, lo que ya es una monstruosidad, se convierte para algunos despistados en sinónimo de altos tirajes y popularidad. Pero la crítica, en el sentido auténtico de la palabra, como decía bien Alfonso Reyes, es un acto inseparable de la creación. Lo diré de otro modo: la crítica propicia que haya un oxígeno cultural indispensable para que los creadores puedan despegar, para que no se ahoguen en el primer intento. A la crítica no hay que verla ni apreciarla, hay que respirarla. Ese es el secreto de su poder. Por aquí habría que empezar.

–Pero los lectores, ¿hacen caso de la crítica?

–En el largo plazo, los críticos acaban por imponerse: elaboran antologías, escriben la historia de la literatura, seleccionan la perla entre la paja. Ellos son dueños de la posteridad. En el corto plazo, el asunto es más discutible. Diez reseñas favorables acerca de un nuevo libro de poemas no garantizan que ese libro va a ser apreciado y leído por los lectores. Con esto quiero decir que el impacto inmediato de la crítica tiende a ser muy endeble.

–¿La crítica en México pasa por un período de oscuridad?

–Siempre hemos estado en la oscuridad, ni modo, y no soy pesimista. En los años cincuenta, un jovencito de veinte años llamado José Emilio Pacheco, al reseñar en la revista Estaciones una antología de relatos que empezaba a circular en México, decía: “Del prólogo ni siquiera vale la pena hablar.” Se refería a un libro que firmaba un crítico literario entonces muy respetado. Aunque me parece admirable el valor de aquel Pacheco, yo diría hoy exactamente lo opuesto: la crítica tiene que darse el lujo de hablar hasta de aquello de lo que no vale la pena. De otro modo, la tontería ambiente seguirá propalándose al infinito.

–¿Ha disminuido el sentido crítico del poeta en México para cuestionar su propia obra?

–Si se acepta un punto de vista demasiado general, sabiendo que ello implica violentar los casos particulares, que son al fin los que importan, habría que decir que sí. Los poetas de hoy se han vuelto demasiado complacientes consigo mismos, con la inercia de su lenguaje narcisista hasta decir basta. Por eso resulta hoy tan aburrido leer un libro de poemas.

–¿Estamos más cerca o más lejos de la época de Octavio Paz respecto a los amiguismos y los privilegios inmerecidos?

–Estamos lejos de esa época donde imperaba el Gran Tlatoani. Pero el amiguismo no ha desaparecido ni siquiera de los concursos nacionales de poesía. Ahí está el caso del Premio Nacional de Aguas-calientes, que se transmite por generación espontánea según el adn del “cuatachismo” y que nuestras eficientes autoridades del Conaculta no se han dignado someter a revisión a pesar de muchas protestas al respecto.

–Recibió en 2009 el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde. ¿Cómo complementa su actividad de crítico con la de poeta?

–Aclaro un malentendido. No lo recibí como poeta, sino como crítico. Las cláusulas del concurso dejan abierta la puerta a la posibilidad de que se entregue esta distinción a un crítico que haya abordado la obra del gran poeta zacatecano. Confesaré, empero, que lo que hasta ahora he escrito sobre él no está a la altura de lo que merece su obra que me sigue pareciendo vigente y de un extraordinario valor.

–¿Con cuál de sus libros se siente más satisfecho como autor, tanto en la crítica como en la poesía?

–De mi poesía soy el menos indicado para hablar. De mis libros como ensayista creo que me satisfacen Las metáforas de la crítica, que la editorial Planeta, hasta donde supe, mandó “guillotinar” para tener espacio en sus bodegas. También me gustan mi libro sobre Gorostiza y mi Elevación y caída del estridentismo, difamada vanguardia que ahora se recupera gracias en gran parte, no tanto a Luis Mario Schneider, quien fue el primer estudioso que lo rescató, sino al enorme éxito de Los detectives salvajes,de Roberto Bolaño, que tiene una enorme ascendencia entre los lectores jóvenes. Hay cuando menos un boom académico del estridentismo: no pasa un semestre sin que algún alumno se me acerque para proponerme una tesis acerca de este movimiento que las recientes generaciones sienten como suyo. Los fantasmas regresan y se materializan: Maples Arce, Arqueles Vela y Germán List, por decir algo, están de regreso entre nosotros.